EL DISCURSO DE FEIJÓO

En (NOTICIAS) por Julio Carballal el 04-05-2009

Tags : , , , , ,

Discurso pronunciado por el Pte. de la Xunta de Galicia, Alberto Núñez Feijóo, en el homenaje al ex presidente del Gobierno, Leopoldo Calvo-Sotelo el 3 de mayo de 2009 en Ribadeo, con motivo del primer aniversario de su fallecimiento.

 ——————

 

 

 

 

 

 

           Autoridades presentes, amigas e amigos: a miña presenza neste acto obedece a unha tripla e grata obriga. Estou obrigado en primeiro lugar pola miña condición de presidente da Xunta de Galicia, unha terra que Leopoldo Calvo-Sotelo amou, unha terra na que repousa para sempre, e que o fixo feliz na compaña de toda a súa familia e a boa xente de Ribadeo. Teño tamén un deber que comparto cunha xeración de españois que nos momentos culminantes da transición eran demasiado novos para valorar toda a súa transcendencia, e que hoxe atopan nese período da nosa historia unha fonte permanente de orgullo e inspiración. Finalmente, estou aquí como amigo da súa familia, e en especial dos seus fillos, especialmente de Víctor, quen me substituíu como presidente de Correos.

 

A mellor descrición da peripecia vital de Leopoldo Calvo Sotelo fíxose anticipadamente hai moitos séculos nese Cantar del Mío Cid que narra as venturas e desventuras do heroe lendario. “Qué buen vasallo, si tuviera buen señor”, dise para loubar a Rodrigo Díaz de Vivar. Podería dicirse algo semellante do home que lembramos hoxe. Qué gran presidente se tivese unhas boas circunstancias ao seu redor. Non as tivo, e sen embargo, a impronta que deixa convérteo nunha figura clave, noutro heroe case lendario, daquela democracia nacente.

 

 A lectura da súa Memoria Viva de la Transición axuda a imaxinar as adversidades coas que tiña que enfrontarse nese tempo turbulento. El as describe co mesmo espírito deportivo co que navegaba pola vosa ría, e coa mesma digna Soedade coa que queda inmortalizado nesta obra escultórica. Pero hai un aspecto dese relato que nos proporciona unha lección que ten plena vixencia. O peor inimigo de Calvo Sotelo é a desunión. A súa brillantez e o seu patriotismo chocan cun Goberno dividido e unha organización política entregada a cerimonias fratricidas. Don Leopoldo tiña magníficas ideas para o presente e o futuro do seu país; algunhas prosperaron malia todo; e outras se afundiron lastradas pola falta de unidade.

 

Los desafíos que hoy tienen Galicia y España son diferentes, pero la unidad en la acción de gobiernos sigue siendo igual de necesaria. Para la generación que asume en estos tiempos las responsabilidades del poder, el ejemplo de Leopoldo Calvo-Sotelo es imprescindible. Nos enseña el valor de las convicciones. Nos previene contra el aislamiento del gobernante que desoye el fluir de la calle, lo que él llamaba complejo de La Moncloa. Nos instruye sobre la necesidad de concebir los gobiernos como equipos coordinados. Nos habla de la importancia de que el dirigente esté atento a la evolución de la sociedad, sin anclarse en dogmatismos.

 

También nos ilustra, amigas y amigos, sobre el valor añadido que supone ser gallego en la política. Recurriendo a su querido Cunqueiro, la política es un laberinto habitado, dónde nadie se orienta mejor que el hijo de esta tierra. De raíces gallegas es Adolfo Suárez. Gallego completo es Pío Cabanillas. Y gallego en fin es Calvo-Sotelo. La transición pivota sobre tres hombres que llevan en los genes esa predisposición al acuerdo tan típica de nuestro paisanaje. Ellos fueron tres grandes pontífices, en la acepción etimológica del término. Construyeron puentes para unir las dos orillas. Quién sabe si la inspiración política no le vino a don Leopoldo contemplando una ría que, en definitiva, no es río ni mar, sino un pacto entre ambos.

 

Sí, yo creo que las musas de la democracia lo visitaban en este lugar, a través del paisaje, del mar y de la gente. Con un exceso de crítica hacia sí mismo, dijo en una ocasión que “no ha sido la menor de mis desventajas en la política, el hecho de haberlo aprendido casi todo en los libros”. Tomás de Aquino temía al hombre de un solo libro, pero no es el caso de Calvo Sotelo, lector y escritor por el que pasaron todas las corrientes de pensamiento de su tiempo. Pero es que además Ribadeo es testigo de su gusto por la conversación, de su carácter accesible. Quienes lo trataron pueden dar fe de que sus quejas sobre el aislamiento de La Moncloa, reflejaban lo esencial de su forma de ser.

 

He ahí otra enseñanza para quienes en la actualidad nos adentramos en el laberinto cunqueiriano. La mejor brújula es el pueblo. La mejor norma consiste en practicar esa máxima que inspira toda la transición democrática, y que don Leopoldo aplica con maestría en todas las etapas de su vida pública. Hacer políticamente normal, lo que en la calle es normal. El éxito de la singladura que emprendió aquella generación de políticos, se resume en la cercanía con la España de entonces. Nuestro acierto en periodos complicados como éste, dependerá de que la proximidad con la Galicia y la España de hoy, no se vea nunca truncada.

 

Amigas e amigos; neste tempo difícil que vivimos, precisamos de faros que nos orienten. Vémonos como don Leopoldo a bordo do seu Juanín, buscando referencias que nos axuden a chegar a porto. Pois ben; esta terra que nos acolle nos proporciona o exemplo de dous homes, unidos pola conmemoración dos seus pasamentos. Aínda que os separan dous séculos, están vencellados polo espírito ilustrado, polo seu carácter emprendedor e sobre todo, pola súa querenza por estes lugares.

 

O marqués de Sargadelos é un adiantado da revolución industrial. Supera prexuízos e medos, para demostrar con feitos que non existe illamento xeográfico nin maldición ancestral que impida o desenvolvemento dun país. Podémolo imaxinar aquí connosco dándonos ánimos para superar os retos que a crise nos impón. Axudados polo realismo máxico de Cunqueiro, tamén podemos sentir o alento de don Leopoldo, protagonista da mais fermosa aventura democrática de España. Velaí dous faros que deberemos seguir.

 

Amigas e amigos; a presenza de tanta xente aquí, o aprecio que esta vila sinte e demostra pola figura de Calvo-Sotelo e maila súa familia, desmenten aos que pensan que a ingratitude é o único pago que recibe un político. Don Lepoldo é admirado e querido. Ribadeo, Galicia e España saben que somos o que somos grazas a el e a outros coma el. Cando pasen os anos, e queden moi lonxe estes tempos, a este presidente da Xunta que lles fala gustaríalle poder merecer dos seus, só un pouco dese inmenso afecto que recibe Calvo-Sotelo. Seria a proba de que aprendín algunha das grandes leccións de don Leopoldo. Moitas grazas.

DON LEOPOLDO

En (OPINIÓN) por Julio Carballal el 23-04-2009

Tags : , , , ,

Hace ahora un año, la noticia del fallecimiento de D. Leopoldo Calvo-Sotelo conmocionó a Ribadeo. El ex presidente del Gobierno, aunque nacido en Madrid, era de hecho un Ribadense más al que se podía uno cruzar en la calle, encontrar en una terraza tomando algo, navegando por su querida ría de Ribadeo, de la que era Marqués, o participando en cualquiera de los muchos actos culurales y sociales del estío ribadense. También era alcalde honorario, pero sobre todo era buena gente. Así lo veían y percibían los ribadenses entre los que contaba con numerosos amigos y muchos conocidos, y no sólo en Ribadeo, también en Castropol donde su padre había sido juez y en prácticamente todo el entorno de la ría que él tanto quería.

 

Con la muerte de D. Leopoldo esta comarca perdió, además de a una gran persona, a uno de sus más ardientes defensores y promotores. Fue el “inventor” de As Catedrais, antes Augas Santas. Cuando era presidente del Gobierno se bañó en bermudas en ese monumento natural y las imágenes se vieron por toda España suscitando el interés y la curiosidad lógica por tan bello paraje. Cuando le preguntaron como se llamaba la playa dijo; “Las Catedrales”.  Y así fue desde entonces y así se le conoce hoy mundialmente.

 

A nadie se le puede escapar tampoco que, en verano y en Semana Santa, muchos de los turistas que se acercaban a Ribadeo albergaban la secreta esperanza -con frecuencia cumplida- de encontrarse con D. Leopoldo en algún rincón de Ribadeo, algo que era habitual para los que aquí vivimos y que lo veíamos con la naturalidad de lo cotidiano, acompañado siempre de su esposa Doña Pilar y de un discretísimo servicio de seguridad.

 

Leopoldo Calvo-Sotelo fue un benefactor importante para Ribadeo. Aquí llegó de niño para estudiar en el instituto ya que su madre y su abuelo eran ribadenses y además su padre conoció a la que sería su futura esposa siendo juez en Castropol. Posteriormente los derroteros de la vida le llevaron a desarrollar sus estudios superiores –Ingeniero de Caminos Canales y Puertos- y su desarrollo profesional y político lejos de Ribadeo pero con él siempre en el recuerdo ya que aquí regresaba siempre que podía, a refugiarse en su casa construida sobre el puerto deportivo y a navegar por la ría de sus amores.

 

Seguramente fue desde esa atalaya privilegiada desde donde empezó a maquinar sobre lo bien que les vendría a los vecinos de ambas orillas el poder cruzar por un puente sin tener que dar un rodeo de casi 20 kilómetros y sin estar a expensas de los temporales que en invierno azotan la ría. Así fue que, cuando en el año 1981 accedió a la Presidencia del Gobierno, ordenó a su ministro de Obras Públicas, Luis Ortiz González, la contratación de la obra del Puente de los Santos, así llamado ya que está tendido entre dos capillas - La de San Miguel en Ribadeo y la de San Román en Figueras -. La obra fue presupuestada en 822 millones de pesetas aunque al final, por dificultades en la cimentación, acabó costando casi 1.200 millones de pesetas de la época. El primitivo puente hoy ya es autovía.

 

Esa tal vez es la obra más importante y la más visible, pero Don Leopoldo favoreció a Ribadeo en otros muchos aspectos, además de la pura promoción turística al asociar el nombre de la localidad al del presidente. Asfaltados de calles, abastecimiento de aguas, instalación de la iluminación pública y un largo etc. que sin duda, no soy yo el más indicado para enumerar ya que la mayoría de los vecinos y vecinas de Ribadeo los tienen en mente. Destacar eso sí, la disposición y generosidad del presidente que llegó a quejarse incluso ante el alcalde de entonces echándole en cara que no pidiese más… ¿pero es que no necesitáis nada más…? se dice que llegó a espetarle.

 

La presidencia de Calvo-Sotelo fue breve -dos años apenas- pero intensa en un tiempo especialmente convulso y decisivo para el futuro de una España que luchaba por consolidar su joven democracia. Como se recordará, el golpe de estado de Tejero, Armada, Milans del Bosh y otros, tuvo lugar durante el debate de investidura de él como Presidente del Gobierno. De aquel momento, que casi dio al traste con las aspiraciones de libertad de muchos españoles, guardo también imágenes imborrables a pesar del tiempo, ya que me encontraba yo en Valencia, cumpliendo con la Patria, y además en la Plana Mayor de Mando. Milans del Bosh, con raíces en esta comarca, era el Capitán General de Valencia y fue el que sacó los tanques a la calle. Pero de eso, en todo caso, les cuento otro día, que tengo mucho que contar.

 

Durante el Gobierno de Calvo-Sotelo una de las más importantes decisiones adoptadas fue la adhesión de España a la OTAN- Organización del Tratado del Atlántico Norte-, cuestión muy discutida por la oposición del Partido Socialista Obrero Español que más tarde, ya en el poder, convocó y ganó el referéndum a favor de la permanencia de España en la OTAN. Negoció y estableció el preámbulo definitivo de adhesión al Mercado Común lo que permitió que años más tarde, siendo presidente Felipe González, formásemos parte de la UE – Unión Europea -. 

Durante su mandato también se aprobó la Ley del divorcio y se cerró el mapa autonómico quedando configurado como hoy se conoce. Como se puede comprobar mandato breve pero intenso, en unos tiempos de especial convulsión social y política.

 

La imagen de Leopoldo Calvo-Sotelo no se correspondía en nada o en muy poco con lo que era su verdadera forma de ser. De apariencia seria y hasta un tanto adusta –le ayudaba su elevada estatura- resulta que en el trato personal era todo lo contrario; una persona accesible, amable, encantadora y dotado de un buen sentido del humor y una finísima ironía que hacía entrañable y extremadamente amena cualquier conversación o tertulia con él.

 

Era un placer escucharle contar, con esa gracia, hasta los acontecimientos más azarosos; desde los más recientes a los de su época de estudiante revolucionario- así conoció a su esposa, era la hija de José Ibáñez Martín, Ministro de Educación Nacional y Presidente del Consejo de Estado, con el que Leopoldo tuvo que entrevistarse ya que él era el líder de los estudiantes - .En esa entrevista, en casa del Ministro, descubrió a la joven que más tarde sería su mujer. Imagínense la cara de José Ibáñez Martín, al saber que aquel estudiante revolucionario podía convertirse en su yerno, como así sucedió al final.

 

Yo tuve la fortuna de compartir algunos buenos momentos con Don Leopoldo, al que tuve el placer de conocer hace algo más de 20 años realizando una entrevista para La COPE en medio de la ría con motivo de la Bandera Príncipe de Asturias de Traineras. Allí estaba en su bote Juanín siguiendo y animando a los remeros de Castropol. Posteriormente visitó en varias ocasiones la emisora, dispuesto siempre que se le llamaba. Moderé algún debate en el que él participaba y hasta le presenté en algún pregón. También tuve la oportunidad de asistir a alguna comida y cena en la que, en el  ambiente distendido a los postres, se convertía en el centro de atención haciendo gala de ese humor y fina ironía a la que antes aludía.

 

Ese 3 de mayo del 2008 la muerte de Leopoldo Calvo-Sotelo me pilló de sorpresa, como a todo el mundo, pero me enteré de una forma un tanto atípica. Estaba yo perdido por los Picos de Europa practicando una de mis aficiones, el barranquismo -descenso de cañones- y lógicamente con el móvil apagado y guardado en lugar seco. Apartado del mundo, sin teléfono, radio ni Tv y sólo en contacto con el reducido grupo de amigos que estaban en mi misma situación. Así estuve hasta última hora de la tarde. Cuando salimos del río y llegamos a un lugar con cobertura, encendí el móvil y tenía un mensaje de un compañero de COPE Madrid que me decía; Julio, necesito urgentemente que me hagas una semblanza de Leopoldo Calvo-Sotelo. Me extrañó que en pleno puente de mayo me pida eso y le llamó para preguntar a que se debe la urgencia y claro, la respuesta fue obvia. Calvo-Sotelo ha muerto. La verdad es que me quedé de piedra.

 

Ahora se cumple un año de tan triste día y el pueblo de Ribadeo se prepara para rendir homenaje a quien tanto significó para España y particularmente para Ribadeo, por las razones que he expuesto al principio.

 

El ayuntamiento en colaboración con la familia, ha organizado una serie de actos que incluyen la colocación de un altorrelieve en el puerto deportivo en el que aparece en su bote navegando a vela por la ría. Se le concederá la medalla de oro de Ribadeo y durante los dos días, 2 y 3 de mayo habrá diversos actos.

 

Los organizadores han querido que el monumento sea sufragado con las aportaciones de los vecinos que tanto le apreciaban, intentando así socializar el homenaje y que todo el mundo que quiera se sienta partícipe con su pequeña o gran aportación.

 

Numerosas entidades, culturales, deportivas, sociales y hasta empresas se han sumado a este homenaje con cantidades respetables, pero siendo de agradecer esas aportaciones económicas, desde mi punto de vista, lo realmente hermoso será ese euro, tres o cinco, las pequeñas cantidades aportadas por personas anónimas que, de ese modo, le dicen GRACIAS a ese vecino que hasta hace poco se cruzaba con ellos por las calles de Ribadeo y que, cuando pudo, y pudo mucho, hizo lo que estaba en su mano para mejorar la calidad de vida de todos ellos y la de sus hijos.

 

Gracias Don Leopoldo y espero que disfrute -ahora que dispone de todo el tiempo del mundo y que está liberado de las ataduras terrenales- desde allá arriba, de las estupendas vistas de su querida ría, que navegue ligero como ese viento que usted sabiamente toreaba con la vela del Juanín y que cada vez que pase por delante del monumento ubicado en el puerto deportivo se sienta querido y recordado por todos los ribadenses.

 

Feliz singladura y que los vientos le sean favorables.